Viernes, 24 de Noviembre de 2017


 

 

Contenido íntegro del capítulo 5, dedicado al Tiempo Severo



Extraído del próximo libro de José Miguel Viñas:

"200 estampas de la temperie"

 

Fecha prevista de publicación:
Febrero de 2007

 

 

 


Portada del Libro

 

 

 

 


 

 

CAPÍTULO 5: TIEMPO SEVERO

 

Cada cierto tiempo, pillándonos la mayoría de las veces por sorpresa, la Naturaleza nos enseña su cara menos amable, mostrándonos su lado más oscuro y peligroso. Ante nuestros atónitos ojos, se despliega un amplio muestrario de episodios de intensidad excepcional y desgarradora belleza.
En el caso concreto de la atmósfera, la existencia de situaciones meteorológicas "explosivas", difíciles de prever con la suficiente antelación y detalle, y de consecuencias a menudo catastróficas, da lugar a lo que comúnmente se conoce como tiempo severo.
El detonante de este tipo de situaciones tiene lugar cuando alguna de las variables que entran en juego (temperatura, humedad, viento…) alcanza o supera un determinado valor crítico, o también como resultado de la combinación de una serie factores que influyen decisivamente en la dinámica atmosférica, convergiendo todos ellos, en un momento dado, en la misma dirección.
Los récords y las efemérides meteorológicas ponen de manifiesto la virulencia que puede llegar a desatarse en el medio atmosférico. Tornados, trombas marinas, supercélulas tormentosas, lluvias torrenciales, granizos de gran tamaño y un largo etcétera son noticia diariamente en algún rincón de nuestro planeta.
Los desastres naturales asociados a este tipo de episodios se relacionan cada vez más con el cambio climático, aunque todavía no se sabe con certeza cuál es la principal causa del creciente impacto social de los fenómenos meteorológicos adversos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

141. Virgas y jirones

Los temporales de invierno en el litoral cantábrico tienen merecida fama de duros y traicioneros. En ellos hacen acto de presencia toda una larga serie de elementos desatados del clima local, con el fuerte viento de componente Norte a la cabeza, principal impulsor de los cambios bruscos de tiempo en la zona.
La fotografía fue tomada el 21 de febrero de 2005 desde la playa de Oyambre, en Cantabria, durante un fuerte temporal del NNW con tormentas asociadas, que dejaron aquel día granizadas, chubascos de nieve e intensísimas rachas de viento.
El carácter ventoso de la jornada se pone de manifiesto por el aspecto desgarrado que muestran las nubes en su parte baja, así como por el tren de olas espumosas que rompen en la citada playa. Otro detalle a tener en cuenta es el color blanquecino de las virgas que se descuelgan en la parte izquierda de la estampa, debido posiblemente a que están compuestas en su totalidad por granizos y por nieve granulada.
Con bajas temperaturas y actividad tormentosa en el Cantábrico, puede llegar nevar en presencia de rayos y relámpagos, algo muy raro de ver en otros lugares de España.


© José Antonio Gallego

 

 

 

 

 

 


142. Techos bajos

Esta fotografía, tomada a comienzos del invierno de 2004 en las estribaciones del Macizo Central francés, refleja bastante bien la forma en que acontece un empeoramiento del tiempo en la montaña.
La nubosidad evoluciona con rapidez, tiñendo todo el cielo de un gris oscuro amenazante. Sobre el terreno, el manto de nubes que envuelve las cotas más altas, deja allí arriba nevadas en medio de una impenetrable niebla.
En las montañas, las condiciones meteorológicas están sujetas a cambios mucho más bruscos e inesperados que si nos encontramos en zonas bajas, de relieve menos escarpado. A consecuencia de la interacción existente entre el flujo aéreo y los obstáculos montañosos, el viento se acelera al estrecharse las líneas de flujo en las cercanías de las cimas (Efecto Venturi), mientras que el aire asciende por forzamiento orográfico, potenciándose los mecanismos generadores de las precipitaciones. Éstas, además, son nivosas un gran número de días al año por encima de determinadas cotas.
Aunque pensemos en la nieve como el elemento típico del invierno y en las tormentas como el del verano, ambos pueden aparecer en la montaña en cualquier época y bajo una gran variedad de situaciones, de ahí lo cambiante, severa e imprevisible que puede llegar a ser allí la temperie.


© José Antonio Gallego

 

 

143. Nubes retorcidas

Cuando una tormenta está dotada de un cierto grado de organización, que va más allá del esquema clásico de la célula tormentosa, y presenta un movimiento de rotación, las estructuras nubosas que la acompañan ganan en espectacularidad, produciéndose normalmente algún tipo de fenómeno severo.
Una de esas tormentas fue la que a últimas horas de la tarde de 23 de junio de 2005 se formó al sur del Corredor del Henares, fotografiada desde Coslada (Madrid) en sus últimos momentos de vida. La apertura en diferentes direcciones de su parte alta y las nubes retorcidas del núcleo central reflejan el carácter rotatorio de la tormenta, provocado por la presencia de vientos cruzados entre la base y la cima del cumulonimbo.
El que una nube de tormenta se retuerza más o menos al crecer en la vertical y forme una especie de espiral ascendente, depende de cuál sea la cizalladura vertical del viento y la vorticidad (cantidad de giro) presente en el aire.
Vemos en la fotografía un sinfín de elementos nubosos que ya fueron apareciendo en diferentes estampas del libro, tales como los mammatus que se descuelgan a la derecha, en la parte superior, virgas, nubes de tipo altocumulus, altostratus y un largo etcétera.

 

 

 

 

© Francisco José Rodríguez

 

 

 

 


 

144. Aguacero tormentoso

Las tormentas severas, con las que a menudo se despide el verano, dan lugar a impresionantes trombas de agua como ésta, ocurrida en Cieza (Murcia) y alrededores la tarde del 13 de septiembre de 2004.
Los aguaceros tormentosos pueden descargar en poco tiempo cantidades de agua o de granizo muy importantes, de hasta 30 y 40 mm en media hora. El carácter torrencial de una precipitación se alcanza cuando la intensidad de la misma supera los 60 mm/h, un valor que a pesar de ser elevado suele superarse con relativa frecuencia. Durante el tristemente famoso episodio de Biescas, ocurrido en agosto de 1996, se estima que, en el barranco de Aras y por espacio de 10 minutos, la intensidad de la lluvia llegó a alcanzar los 500 mm/h.
La elevada densidad de gotas, así como su gran tamaño (cercano al máximo teórico de 6 mm de diámetro) provocan que la cortina de precipitación sea extraordinariamente densa y opaca, reduciendo de forma notable la visibilidad y convirtiéndose en un muro infranqueable para la luz, tal y como se pone de manifiesto en la fotografía, tomada desde la Sierra del Picacho, a unos 15 kilómetros al NW de la posición que ocupaba el núcleo activo de la tormenta.

 

 

© José Antonio Abellán

 

 

 

 

 

 

145. Arcus manchego

Estamos, seguramente, ante una de las nubes de aspecto más amenazante que existen. Se trata de un cumulonimbus arcus; es decir, un cumulonimbo que presenta como particularidad una especie de arco o rodillo horizontal en su base. Solapado a él aparece un pannus, que es la nube de contornos redondeados situada en la parte más baja.
La aparición de ese arco oscuro y tenebroso, cuya forma nos recuerda a una nube lenticular, es debida al violento desplome de aire frío contra el suelo que tiene lugar en la parte delantera de algunas tormentas muy intensas, lo que fuerza al aire cálido de la periferia a ascender, abombándose la base del cumulonimbo con el resultado que vemos.
Dichas estructuras no aparecen en las tormentas convencionales, sino sólo en aquellas que están dotadas de cierta rotación, generadas en entornos de elevada inestabilidad atmosférica. Tal fue el caso de esta pequeña supercélula de corta vida, dotada de un ligero giro ciclónico, que fue fotografiada la tarde del 17 de junio de 2006 desde Chinchilla (Albacete). Poco después de tomar la instantánea, en el lugar que ocupaba el fotógrafo se produjo un fuerte aguacero con granizo, mucho viento y bastantes rayos.

 

 

© José Antonio Gallego

 

 

 

 

 

 


 

146. Cortinas de granizo

La caída de granizo es una de las manifestaciones más claras del poder devastador de las tormentas. El carácter virulento de una de ellas, ocurrida el 21 de febrero de 2006 en la Costa Central catalana, queda perfectamente reflejado en estas impresionantes cortinas de granizo que se descuelgan de su base.
La fotografía fue tomada a las 18:15 horas desde la playa de Castelldefels, mirando hacia el interior, apenas media hora después de que en las cercanías de la costa se desarrollaran varias trombas marinas, una de las cuáles es la que aparece en la estampa 153 y en la portada del libro, compartiendo escenario con un bonito arco iris.
El color blanquecino de las cortinas de precipitación indica que están formadas en su totalidad por granizos, de mayor poder reflectante que las gotas de lluvia.
Las fuertes ráfagas de viento presentes en las cercanías de la célula tornádica zarandeaban a su antojo estos singulares colgajos, que en la parte derecha, al concentrarse en mayor número, parecen unir físicamente la nube con el suelo. Se produjeron fuertes granizadas en la zona, acumulándose sobre algunas calles de la localidad una gruesa capa de granizos que tapizaron todo de blanco.


© Manuel Massagué Conde

 

 

 

 

 

 

 

 

 

147. Fuerte pedregada

El caluroso verano de 2003, los habitantes de Alcañíz, en el Bajo Aragón, no ganaron para sustos. En apenas tres semanas, dos poderosas supercélulas descargaron toda su furia en este municipio turolense. La primera de ellas, ocurrida el 23 de julio, generó un tornado de intensidad moderada en la escala Fujita (posiblemente un F3) en las afueras del pueblo, lo que causó graves destrozos en un polígono industrial, mientras que la segunda tormenta, ocurrida el 16 de agosto, produjo una descomunal granizada sobre la citada localidad, con piedras de hielo de hasta 12 centímetros de diámetro y 900 gramos de peso (estimación hecha por el autor de la fotografía), recogiéndose nada menos que 118 mm (primero en forma de granizo y luego de agua) en menos de dos horas.
Alcañíz fue declarada zona catastrófica, debido a los graves desperfectos producidos por el pedrisco en los tejados de las casas, en el mobiliario urbano, así como en los vehículos estacionados en la calle. La fotografía fue tomada el 23 de agosto de 2003, una semana después de que ocurriera la fuerte pedregada. Los impactos de las piedras de hielo golpearon con violencia la luneta delantera y la superior del coche, provocando la rotura de esta última, tapada por un plástico blanco sujeto con varios cascotes (trozos de teja) de los muchos que dejó la granizada a su paso.

 

 

© José Antonio Quirantes

 

 

 

 

 

 


 

148. Meteorología salvaje

Resulta complicado resumir en pocas palabras, y sin echar mano de algún que otro tecnicismo, qué procesos atmosféricos dieron lugar a estas espectaculares formaciones nubosas. Se trata de dos tormentas severas en diferentes fases de desarrollo, que el 7 de septiembre de 2005 crecieron en la provincia de Barcelona a consecuencia de la convección profunda que había en la zona, lo que dio lugar a un episodio tornádico sin precedentes, que nos regaló algunas de las bellas estampas incluidas en el presente capítulo.
La fotografía fue tomada a las 19:20 horas de aquel día desde unas tierras de labranza situadas en el límite de los términos municipales de Gavá y Viladecans. La nube que domina la escena, con apariencia de hongo atómico, se desarrolló en torno a un mesociclón, presentando por tanto características supercelulares. De su base surgió un tornado que afectó a varias zonas del término municipal de Sant Boi, en la comarca barcelonesa del Baix Llobregat. De la base del cumulonimbus capillatus incus que aparece en segundo plano, a la izquierda, se descuelgan unos bonitos mammatus, lo que da mayor plasticidad, si cabe, a la estampa meteorológica.
Esta fotografía fue la ganadora del concurso celebrado con motivo del VI Encuentro Nacional de Aficionados a la Meteorología (Valencia 200
5).

 

 

© Manuel Massagué Conde

 

 

 

 

 


 

149. El sacacorchos

Esta fotografía se tomó 8 minutos antes que la estampa anterior, y nos muestra un primer plano de la gigantesca nube generadora del tornado de Sant Boi al que hacíamos referencia. La manifiesta forma helicoidal del cumulonimbo nos sugiere la figura de un gigantesco sacacorchos apuntando hacia el suelo, como queriendo penetrar en tierra.
La fuerte cizalladura vertical del viento reinante en esos momentos en los niveles bajos atmosféricos moldeó la nube a su antojo, dotándola de una extraordinaria rotación que provocaba cambios muy rápidos en su fisonomía.
Teniendo en cuenta que esta mini-supercélula se formó sobre la Cordillera Litoral catalana, cuyo perfil vislumbramos en el extremo inferior de la fotografía, con alturas máximas en ese punto entre los 300 y 400 metros de altura, podemos estimar el espesor de la nube en aproximadamente 5 kilómetros. Bajo ella, la oscuridad era absoluta y en sus cercanías, más hacia el Este, aún se podían ver un par de tornados generados por la línea de inestabilidad que aquella tarde del 7 de septiembre de 2005 generó varios mini-tornados y a un auténtico "baile" de mangas (trombas marinas) en la franja litoral situada al sur de la ciudad de Barcelona.

 

 

 

© Manuel Massagué Conde

 

 

 

 

 

 

 


 

150. La tuba

Los meteorólogos no se equivocaron y la mañana del 22-M (el día de la Boda Real de los Príncipes de Asturias) descargaron fuertes aguaceros sobre la ciudad de Madrid. Lo que no estaba previsto, ni estará en muchos años, fue la formación en los cielos madrileños de varias tubas como la de la fotografía, que aquel sábado 22 de mayo de 2004 varios aficionados a la Meteorología, ajenos a la retransmisión en directo por TV de la ceremonia, lograron captar con sus cámaras digitales.
Tal y como podemos apreciar, la tuba sería la columna de aire en rotación que se descuelga de la oscura base de una nube cumuliforme, sin llegar a tocar el suelo, en cuyo caso lo que tendríamos sería un tornado que causaría destrozos a su paso.
El giro del viento al ascender por la atmósfera (del SW en superficie, de componente E entre los 1.000 y 4.000 metros, y del N-NE por encima de los 5.000 metros) provocó la rotación necesaria en la parte baja de la nube (en un área de varios kilómetros de diámetro) capaz de generar el torbellino que vemos.
La fotografía fue tomada desde Coslada (Madrid), situándose la tuba en las inmediaciones del Cerro Almodóvar, en la zona este de la capital.

 

 

© Francisco José Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

151. Toma de tierra

El 15 de noviembre de 2005, tras una madrugada de fuertes tormentas en la Costa Central de Cataluña, que dieron lugar a numerosas descargas eléctricas, granizo e incluso algún mini-tornado, amaneció en la zona con los cielos cubiertos, teñidos de un intenso fucsia al despuntar el alba, que rápidamente se tornó en un color pardo y oscuro de aspecto amenazante. Aquel día se llegaron a contabilizar al menos siete mangas o trombas marinas en la franja litoral que se extiende al sur de Barcelona.
En la imagen, tomada minutos antes de las 9 de la mañana, vemos una de ellas, que incluso llegó a penetrar, en forma de tornado, en la playa de "Las Palmeras" de Castelldefels, recorriendo casi un kilómetro por la arena.
La enorme columna giratoria de un tornado es visible gracias a la presencia del polvo que succiona del suelo, así como a las gotas de agua que se forman en su interior. Su anchura puede variar desde apenas un metro de diámetro hasta casi un par de kilómetros, si bien en España no existen registros bien documentados de tornados de categoría superior a un F3. En ocasiones el "embudo" puede ser invisible, lo que no evita que sea igual de destructor.

 


© Manuel Massagué Conde

 

 

 

 

 

 

 

 

152. Situación tornádica

Esta fotografía nos permite apreciar desde la costa la espectacular línea de turbonada severa que el 7 de septiembre de 2005 dejó mangas y tornados a su paso, en una zona de Cataluña que el autor de la fotografía ha bautizado como el nuevo "triángulo tornádico", uno de cuyos lados sería el tramo costero que va desde Sitges hasta Barcelona, mientras que otro lado de dicho triángulo lo formaría la Cordillera Litoral catalana.
Desde la playa de Castelldefels, éste era el panorama a las 18:38 horas, mirando hacia el norte. Observamos cómo un avión de pasajeros, en la típica maniobra de aproximación al aeropuerto de El Prat, está a punto de adentrarse en la peligrosa nube turbulenta de la que se descuelgan dos trombas marinas.

 

 

© Manuel Massagué Conde

 

 

 

 

 

 


 

153. Tromba marina

Por encima de cualquier otra consideración teórica acerca de la formación de las trombas marinas, la belleza de esta composición fotográfica y las circunstancias que rodearon su "caza" merecen por sí mismas un breve comentario.
La fotografía no fue fruto del azar, sino de una planificación perfecta llevada a cabo por el autor de la misma, que demostró tener un fino olfato cuando la mañana del 21 de febrero de 2006 decidió coger su equipo fotográfico e ir en busca de las siempre escurridizas mangas. No se equivocó, y la tarde de aquel día apareció una sucesión de ellas frente a la costa barcelonesa.
Situado estratégicamente en la playa de Castelldefels y con una hermosa y estilizada tromba marina en el objetivo de su cámara, los rayos del sol se abrieron paso entre las nubes formando un bonito arco iris y componiendo una imagen irrepetible, capaz de hacer olvidar por un momento la capacidad destructiva de este fenómeno natural.
Esta fotografía ha sido portada del nº 309 (Mayo-Junio 2006) de la prestigiosa revista The International Journal of Meteorology, así como del nº 12 (Abril 2006) del Boletín de la AME, siendo también publicada en revistas como National Geographic (Julio 2006) y GEO (Mayo 2006), así como en la RAM (Revista del Aficionado a la Meteorología), en su nº 40 de abril de 2006.

 

 

© Manuel Massagué Conde

 

 

 

 

 

 

154. Manga en el Cantábrico

Aunque el Mediterráneo Occidental, especialmente el Mar Balear, sea la zona marítima española donde la formación de mangas es más frecuente, la costa cantábrica también nos ofrece de vez en cuando algún bonito ejemplar. Esta tromba marina fue fotografiada a última hora de la tarde del 10 de septiembre de 2005, desde el faro de Santander, localizándose dicho vórtice unos 2 kilómetros mar adentro. En el mismo episodio se avistaron al menos 4 mangas en diferentes puntos de la costa cantábrica.
La vida media de una de estas mangas oscila entre los 5 y los 15 minutos, y como hecho destacable hay que indicar también que en contra de lo que pudiera creerse, la nube de la que se descuelga no tiene por que ser un todopoderoso cumulonimbo.

 

© José Antonio Gallego

 

 

 

 

 

 

 

 

155. Manga en el Mediterráneo

La extraordinaria situación tornádica del 7 de septiembre de 2005 en Barcelona, permitió ver imágenes como ésta. Una considerable manga avanzaba con rapidez sobre la superficie marina en dirección a la costa. Pocos minutos después de tomarse la fotografía (18:40 horas) se adentró en la playa de Castelldefels (ver la estampa 156, en la página siguiente), causando destrozos de diversa consideración.
En un radio de unos 700-800 metros en torno a la manga, se desplazaban por el aire, como si fueran pequeños proyectiles, multitud de minúsculas gotas de agua salada mezcladas con granos de arena. La fuerte marejada que generó el viento, es la responsable de la tonalidad marrón del agua, a causa de la importante agitación de los fondos marinos en las cercanías de la costa

 

 

© Manuel Massagué Conde

 

 

 


 

156. El gordo y el flaco

Esta fotografía fue tomada veinte minutos después que la anterior estampa, desde la misma playa de Castelldefels. La realización de la misma se vio dificultada a causa del viento y del impacto de la arena sobre el objetivo de la cámara.
La tromba marina que aparece al fondo a la izquierda ya había tocado tierra, convirtiéndose en un peligroso tornado, de gran anchura, que en esos momentos hacía su entrada en el término municipal de Gavá.
La manga de la derecha, bastante más delgada, se localizaba sobre el mar, y en su parte inferior aparece el característico "cilindro de spray", provocado por la succión de agua que tiene lugar a su paso.
Ambos torbellinos terminarían afectando, algo más tarde, al cercano aeropuerto del Prat, ocasionando graves destrozos en algunas de sus instalaciones, desplazando, incluso, varios aviones que en esos momentos se encontraban allí estacionados.
El edificio de la izquierda es el Club Náutico de Castelldefels, desde cuya terraza varias personas observaban atónitas el acontecimiento. Mas cerca, sobre la arena, dos personas deambulaban desorientadas, después de que algunos objetos como hamacas, el techo de algún chiringuito y otros elementos, fueran cayendo aleatoriamente a su alrededor.


© Manuel Massagué Conde

 

 

 

 


 

157. La fuerza del viento

Para concluir este capítulo, veamos de lo que es capaz la fuerza del viento. Como aire en movimiento que es, está dotado de una cierta cantidad de energía cinética, proporcional al cuadrado de su velocidad y a su masa. Los vientos más intensos que se producen en niveles bajos en nuestro planeta son precisamente los que puede llegar a generar un tornado a su alrededor, sin olvidarnos tampoco de los que soplan a cierta altura en la atmósfera, en las corrientes en chorro.
Los tornados más intensos se forman a veces en el famoso Tornado Alley de los EEUU. Algunas estimaciones hablan de velocidades superiores a los 500 km/h, capaces de arrancar de cuajo el asfalto de una carretera entre otras travesuras.
No hace falta llegar a esos extremos para que el viento empiece a ser destructivo. En agosto de 1998, éste era el aspecto que mostraba un bosque de abetos en la estación de esquí de Durau, en Transilvania (Rumanía), tras el paso de una fortísima tormenta en la que se alcanzaron rachas de viento superiores a los 120 km/h, y en la que, según los lugareños, tuvo lugar un pequeño tornado. El estudio, sobre el terreno, de la disposición de los árboles abatidos, nos daría las claves para determinar si lo hubo o no.

 


© Fernando Llorente Martínez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jose Miguel Viñas Rubio
jmvinas@mi.madritel.es
15 de Noviembre de 2006

© Spain Severe Weather 2010

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