Viernes, 20 de Octubre de 2017

 

 

Primeramente os adjuntamos las capturas del reportaje sacadas de la revista original, con el texto finalmente publicado. A continuación, os transcribimos el texto original que Emilio Guerrero escribió, junto con el asesoramiento de varios miembros de SSW, con los que pudo compartir varias tardes de charla y anécdotas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hasta aquí el reportaje original.

 

El siguiente texto, como os hemos anunciado, es una primicia. Es una ampliación con el texto íntegro original, de más fuerza si cabe. Sólo para los lectores de SSW, cortesía de Emilio Guerrero.

 

 

JINETES EN LA TORMENTA
 
Unos aventureros, a la caza de fenómenos atmosféricos severos, se enfrentan a las tormentas con el fin de captar la belleza de un instante, que apenas dura quince minutos. Son los cazadores de tormentas. Un grupo de entusiastas, apasionados por la Meteorología en España, cuya vocación es perseguir tormentas, mejor si son intensas.
                       
Por Emilio Guerrero Avilés
 
La caza ha comenzado. Las mejores predicciones, que desde hace varios días ofrece el radar meteorológico en Internet, se han cumplido. Hará buen tiempo; malo para la mayoría de la gente.
 
    CumulusHumilis y Pedromad, sin embargo, muestran una mueca de decepción en sus rostros. Ellos, esta vez, no saldrán a cazar las más que probables tormentas severas que se ciernen sobre las provincias de Zaragoza y Teruel. El Komando Kazatormentas de Aragón, con sus cámaras, será el encargado de retratar la belleza que se desprende de la formación, evolución, descarga y disipación de una tormenta intensa.
 
    Emilio Rey, CumulusHumilis, y Pedro Serrano, alias Pedromad, se consolarán con procesar, a través de la Red, todos los datos que reciban desde las estribaciones del Sistema Ibérico. Desde la página www.tiemposevero.es, no obstante, también, van a contribuir en la caza de esta perturbación atmosférica. “Nos gustaría contar con más medios desde aquí para poder ayudar a nuestros comandos cuando van de caza”, se lamenta, Emilio, 41 años, programador de ordenadores y aficionado a los fenómenos atmosféricos severos; cuya mayor ilusión “sería el sueño de cualquier meteoloco: ir al Texas Panhandle, al Tornado Alley y perseguir esa pavorosa maravilla de la naturaleza, con mis amigos al lado, un radar doppler encima y muchas cervezas alrededor”, dice con la alegría infantil de un rostro curtido en mil batallas acechando tormentas por España.
 
    Pedro, 26 años, se deja arrastrar más por lo impredecible: “nunca sabes dónde se va a formar, qué dirección va a tomar y qué intensidad va a tener la tormenta”. Pedromad es técnico en sistemas, y junto a CumulusHumilis, tiene la suerte de trabajar en algo relacionado con su pasión por el tiempo. Ambos venden instrumentos de precisión meteorológica y astronómica en una tienda especializada de Madrid. “Con 8 ó 10 años esperaba con ganas el final de la sobremesa y del telediario para ver el parte meteorológico de todos los canales de televisión”, evoca Pedro con la sinceridad y entusiasmo que le caracteriza.
 
    En la últimos tiempos, la Península Ibérica se ha convertido en un inmenso coto de caza para ir tras los fenómenos meteorológicos severos: tubas marinas, granizadas como huevos de gallina, tolvaneras, ‘mammatus’, microreventones y cortinas de lluvia... líneas de turbonada y ‘gustnados’. Pero, como afirman los propios cazadores, no hay nada que genere tal descarga de adrenalina como ir de caza mayor tras una supercélula, un tornado o fotografiar rayos, sin los cuales no puede haber una buena tormenta que se precie. Aunque asumen sus riesgos aproximándose a la fuerza de la Naturaleza, la mayoría son prudentes y presumen de que es mejor una retirada a tiempo que arriesgarse a recibir una descarga eléctrica.
 
    No quieren que se les trate de ‘bichos raros’ que abandonan sus ocupaciones por un cúmulo nimbo, dejan colgada a la familia en medio del cumpleaños de la abuela por una manga o discuten con su chica porque no ha querido acompañarles a plasmar con su cámara un ‘cumulunimbus arcus’, una ‘rissaga’ o un ‘landspout’. “Tampoco, queremos que se venda una imagen así porque es contraproducente para algunas personas que no conocen los peligros a los que se enfrentan. Conocemos casos de adolescentes que se han aficionado a estos fenómenos y se meten en el meollo de una tormenta sin darse cuenta del peligro que corren”, aconseja CumulusHumilis.
   
    Su afición se ha transformado en su verdadera vocación aunque, por el momento, no remunerada. No son profesionales como sucede en Estados Unidos donde todos los años, durante la temporada de tornados, se reúnen en el corredor de tormentas de Tornado Alley (entre Texas y Oklahoma) para disputarse el honor –y los dólares de los patrocinadores– de ser quién ha registrado el tornado más espectacular.
 
    Son los ‘chasers’. Expertos en la cacería de tornados, y cobran por ello. Van equipados con las últimas tecnologías en teledetección: un ‘doppler’, que además de detectar las zonas de precipitación como el radar normal, informa de cómo es el movimiento de las partículas que se concentran dentro de la nube. De esta manera, se pueden registrar circulaciones ciclónicas, anticiclónicas y confluencia de masas de aire que faciliten examinar el movimiento de las tormentas, dirección e intensidad. Algunos ‘chasers’ disponen, también, de todoterrenos blindados para amortiguar impactos de todos los materiales, incluso asfalto, que se desprenden cuando se acercan peligrosamente a los destructivos tornados, los más virulentos pueden llegar a generar vientos de hasta 400 kilómetros por hora.
 
    “Bueno, pero, tampoco nos creamos todo lo que cuenta Twister”, mascullan quitándole importancia, pero en sus caras se adivina cómo por dentro una chispa de adrenalina les ha despertado una sana envidia.
 
    Ya están llegando las primeras fotografías de la cacería aragonesa. Según informa el comando, a través de un portátil con conexión inalámbrica a Internet, la tormenta será potente y probablemente descargue toda su furia en los alrededores de la población turolense de Alcañiz.
 
    Estas primeras instantáneas muestran la formación del núcleo tormentoso con los cúmulo nimbos más altos brillando al sol. El contraste entre luces y sombras presagia que habrá jaleo. CumulusHumilis, coordinador de los ‘Komandos’, estudia las imágenes del radar del INM (Instituto Nacional de Meteorología) mientras, Pedromad, responsable de Reportajes de SSW (Spanish Severe Weather, tiemposevero en inglés), analiza la información de los mapas que ofrece el ‘meteosat’. “Nos gustaría que el INM sirviera la información del radar en tiempo real para ayudar mejor a todos los comandos repartidos por España”, coinciden ambos.
 
    El grupo de cazadores aragoneses que se acercan a la tormenta cuentan con la fortuna de tener conexión inalámbrica a Internet desde un portátil. “Es una excepción”, aclaran, “para salir de caza tenemos nuestros propios medios y vamos con los coches particulares, que tenemos que echar a suertes para ver quién se lo lleva”, comentan. Como a Pedro, que el viento en la observación de una tormenta en los cerros del Burgo de Osma, le dejó el interior de su coche para que recogiera desperdicios durante un año.
 
    Pero, definamos, qué es el tiempo severo. Cualquier fenómeno atmosférico que da como resultado la formación de precipitación, viento o temperatura que supera o excede un cierto umbral a partir del cual puede ocasionar daños materiales y personales: gotas frías e inundaciones, viento de 100 km/h y árboles arrancados de cuajo, galernas y tubas marinas... Cómo para no echarse a temblar.
 
    La página web que ellos coordinan nació en el verano de 2004 con el objetivo de compartir y divulgar todos los datos que obtenían de sus ‘kazas’. En ella se mezcla información seria y objetiva al tiempo que se introducen comentarios personales en sus reportajes fotográficos que explican sus experiencias acorralando a sus presas. Las informaciones se elaboran por el equipo de aficionados a la meteorología de Tiemposevero siguiendo unos criterios muy estrictos a la hora de categorizar y describir las tormentas: imágenes de satélite, mapas de isobaras, reflectividades... y, sobre todo, se documentan los fenómenos con un abundante material gráfico que se cuelga en la Red para disfrute de todos los fanáticos por el tiempo que hará mañana.
 
    Como Pedro Fernández, Gale, uno de los responsables de www.cazatormentas.net, otro ‘site’ que surgió también con la eclosión de estos recientes años y cuyo objetivo es “servir de ventana para que todo el mundo, dentro y fuera de nuestro país, sepa de qué es capaz nuestra meteorología”. “Nuestra pasión por las tormentas corre por nuestras venas y ser cazatormentas se convierte en una forma de vivir, siempre estamos pendientes del cielo, de imágenes de radares y satélites meteorológicos... cuando estamos delante de una tormenta severa, sentimos una descarga de adrenalina tremenda, que nos hace sentirnos las personas más felices de la Tierra. Disfrutamos haciendo fotos de rayos de una tormenta eléctrica, cuanto más cercana mejor, o metiéndonos debajo de un aguacero torrencial en busca de las fotografías o vídeos más impactantes”, describe así su pasión por estos fenómenos alguien a quien le gusta, también, realizar pequeñas batidas en solitario.
 
    Todos estos ‘locos por la meteo’ se fueron organizando en diferentes grupos de cazatormentas por el empuje y apuesta del foro www.meteored.com. Desde esta comunidad de internautas, pionera en España, se apoya a los ‘spotters’ –aquellos que observan a cierta distancia la tormenta para fotografiarla según la terminología anglosajona– cediendo espacio web y el trabajo de programadores.
 
    El INM organismo encargado de dar avisos meteorológicos en España dependiente del Ministerio de Medio Ambiente- no tiene firmado ningún acuerdo ni protocolo oficial con los cazadores de tormentas, pero “de aquí a un año o dos va a cambiar. Queremos crear una página web donde reflejar toda la información que generan los cazatormentas, porque creemos que es una fuente fundamental para el instituto”. Francisco Martín León, director de Técnicas de Análisis y Previsión del INM, a sus 52 años, sigue apasionándole la Meteorología. Siente, a veces, que no se comprende desde fuera lo difícil que es acertar en una previsión meteorológica: “la incertidumbre e imprevisibilidad de un sistema caótico como es la atmósfera, a medida que pasa el tiempo, hace cometer errores. El conocimiento exacto de su estado, a pesar del avance de la técnica, es limitado y ese es el gran reto de la meteorología actual. Cuanto más nos acerquemos al estado inicial de estos fenómenos severos, tanto mejor serán nuestras predicciones”, asegura.
 
    El Instituto Nacional de Meteorología trabaja con las herramientas más avanzadas en teledetección atmosférica del mundo. Cuenta con decenas de estaciones meteorológicas repartidas por todo el territorio nacional y está creando una red de observadores aficionados para que estén pendientes del cielo con sus cámaras fotográficas. Además, Paco Martín y otros meteorólogos, desde el INM, colaboran a título personal con los cazadores ofreciéndoles informaciones útiles para desarrollar con éxito sus cacerías.
 
    “Según te acercas a la tormenta, o ella se acerca a ti, retumban más fuertes los truenos. El momento es único. El aire se carga de electricidad, las nubes se van apelmazando y haciendo más negras a la vez que las ráfagas de viento se incrementan. Vuelan las hojas y el polvo se mete en los ojos. Otro trueno. Ahora ya ves los resplandores de los rayos o de las culebrillas. Con suerte, ves el arcus que precede a la parte severa. Es inconfundible, una gran nube negra o verdosa de la que pende el grueso de la precipitación. Los primeros goterones marcan el suelo. Aumenta aún más el viento y la temperatura inicia una brusca caída. Un rayo cae cercano y el consiguiente trueno ya te hace dar un grito”, las imágenes, que desde la comarca de Alcañiz, van descargándose en el servidor de Tiemposevero invitan a CumulusHumilis a dibujar qué se siente en el clímax de una tormenta. Pedromad esperaba ansioso que el frente de Aragón le proporcionara la extraordinaria visión de una tormenta verde, sin embargo, estas son casi tan excepcionales en España como los tornados.
   
    La gran diversidad climática española favorece la concentración de este tipo de fenómenos atmosféricos, en muchos casos destructivos como el granizo, la lluvia intensa o las descargas eléctricas; pero, es en el Sistema Ibérico donde confluyen en abundancia varios ingredientes imprescindibles para la formación de tormentas de envergadura. El pasillo que se forma entre los montes de Toledo y el Sistema Central, además, permite el paso de los núcleos nubosos que proceden del suroeste y se dirigen hacia el noreste peninsular. “El Sistema Ibérico y el Mediterráneo –explica Paco Martín en román paladino– es la zona con más tornados por el modelo conceptual de la tortilla española y sus ingredientes: la tortilla de patata se puede hacer en España o en el Polo Norte siempre y cuando se den los ingredientes”.
 
    Estas zonas cuentan con numerosos nidos de tormentas, donde las altas temperaturas en superficie, aire frío en las capas medias y altas de la atmósfera y vientos cargados de humedad provenientes del Mediterráneo se encuentran y agitan entre sí favoreciendo la formación de tormentas severas. Precisamente en Alcañiz es donde se ha fotografiado el tornado más potente conocido, de los 7 u 8 que surgen al año en España: un EF3, en la escala Fujita, la cual mide la intensidad de los tornados hasta un máximo de EF5. En Estados Unidos, ya se plantean que la escala suba un escalón más hasta EF6, o, como ellos llaman a esos tornados, ‘El dedo de Dios’, altamente destructivos y que cada año se cobran allí la vida de centenares de personas.
 
    A José Miguel Viñas, Spissatus, meteorólogo y divulgador, le interesa sobremanera comprender las causas que generan las supercélulas: tormentas con rotación interna que esconden en su interior a los escurridizos tornados. “Aún se desconoce qué ocurre en el interior de estas formaciones nubosas de gran desarrollo vertical”, añade con una sonrisa de niño de 37 años. Apasionado tardío a la Meteorología, sin embargo, todavía recuerda la lluvia y el granizo que cayó en Madrid aquel día de primavera en que tuvieron que suspender, en los últimos instantes, la final de la Copa del Rey entre el Valencia y el Deportivo en el Santiago Bernabéu.
 
    Como ex responsable de Formación de los Comandos de Tiemposevero, recomienda “que aquellos que salen de caza deben conocer a su presa: cuál es su evolución más típica ya que así pueden plantear una estrategia para abordarla, saber qué zonas son más peligrosas, cuál es el radio límite para acercarse al núcleo de esa tormenta; al final es el sentido común y la coordinación entre diferentes personas lo que va a condicionar que la caza sea satisfactoria”, la prudencia es la principal herramienta para José Miguel a la hora de enfrentarse a estos monstruos. Su pasión por esta misteriosa belleza de la Naturaleza, le ha llevado a publicar 200 estampas de la temperie, un libro donde se recopilan los trabajos fotográficos de dos centenares de instantes mágicos obsequiados por el cielo de España.
 
    Las imágenes de la presa de Alcañiz ya están disponibles en la web y el Komando Kazatormentas de Aragón recoge sus bártulos hasta la próxima partida. Pedro, Emilio y Daniel Álvarez entusiasta cazador de 22 años de Tiemposevero analizan el último material fotográfico transmitido desde el Sistema Ibérico. Las fotos revelan con intensidad la guinda del pastel de esta tormenta unicelular en Aragón: varios majestuosos rayos. Las truculentas historias que hemos escuchado a nuestros mayores sobre este prodigio natural, se eclipsan ante el poder subyugante de sus estilizados haces de luz. “Si vemos el primer rayo en una tormenta se nos despiertan los instintos de cazatormentas y ya nos ponemos en acción”, cuenta Pedromad, fascinado; pero, aclara con sensatez, “en cualquier caso, a una tormenta con mucho aparato eléctrico: con descargas nube-tierra, nube-nube, impactos sobre torres o postes de alta tensión y sobre árboles, hay que tenerla mucho respeto y lo mejor es meterse en el coche que es donde vas a estar más seguro”. El momento crítico, con tiempo para guarecerse en el vehículo, es cuando empieza a erizarse el vello de la piel; y si los pelos del cabello se ponen de punta, y el coche no está a mano, lo más conveniente es desprenderse de todos los objetos metálicos y mantener el menor contacto posible con el suelo.
 
    La tormenta se disipa. Son tan sólo 10 ó 15 minutos de clímax. “Toda la tensión acumulada explota y se mezcla la sensación de las descargas y de respirar el aire más limpio y fresco, con la tristeza del principio del fin de la tormenta. Empieza a clarear. Ahora es al otro lado donde está oscuro. Los truenos son cada vez más espaciados y su sonido es de despedida. Amaina la lluvia, el ambiente es puro: el paisaje se ha renovado. Con el primer rayo del nuevo sol, la tormenta ha terminado de pasar por encima. La tormenta todavía no ha muerto. A 20 kilómetros de distancia toda esta secuencia de acontecimientos se está repitiendo: ¿Por qué no ir a por ella?”
 
    CumulusHumilis, cuyo nombre de cazador evoca a las primeras formaciones nubosas, se refugia en su casa del norte de la capital y otea el horizonte desde la azotea de su edificio, con la esperanza de que se vislumbre por las cumbres de la Sierra de Guadarrama una tormenta severa a cuyo lomo cabalgar.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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